jueves, 26 de junio de 2014

La estimulación temprana: Un punto de partida para un buen desarrollo

Lazerson (1972) citado en Bricker, 1991 nos afirma que las raíces históricas de la educación
 de la infancia temprana en Inglaterra se han desarrollado alrededor de tres temas principales. Aunque el movimiento de guarderías en Estados Unidos tuvo también raíces europeas y su desarrollo estuvo sometida a muchas fuerzas similares, los programas de guarderías se desarrollaron independientemente del movimiento de jardines de niños (Maxim, 1980). Igual que el caso de éstos últimos, las guarderías fueron creadas originalmente para atender a los niños que vivían en la pobreza.

Durante la década de los veinte había pocos programas de guarderías disponibles, pero después de la Gran Depresión si tuvieron un importante crecimiento, debido en parte al apoyo del gobierno federal para crear puestos de trabajo.
 Según la PUCP, en su módulo de fundamentos de la Estimulación Temprana del 2004. Refiere que la estimulación temprana es un proceso de atención integral al niño que incluye enseñanza aprendizaje con ejercicios motores, sensoriales, de comunicación gestual y verbal, apoyo y mediación del adulto, que le brinde oportunidades para explorar su entorno, jugar experimentar, reflexionar y desarrollar su motivación y afán de logro para aprender y persistir con iniciativa, espíritu emprendedor y crea.
Pudiéramos considerar a la estimulación temprana como el conjunto de acciones dirigidas a promover las capacidades físicas, mentales y sociales del niño, a prevenir el retardo psicomotor, a curar y rehabilitar las alteraciones motoras, los déficits sensoriales, las discapacidades intelectuales, los trastornos del lenguaje y, sobre todo, a lograr la inserción de estos niños en su medio, sustituyendo la carga de una vida inútil por la alegría de una existencia útil y transformando los sentimientos de agresividad, indiferencia o rechazo en solidaridad, colaboración y esperanza.
Lewis y Roseblum, 1974 citados en Brecker, 1991 empezaron a considerar la relación niño-persona encargada de cuidarlo como una relación en la que ambos participantes influían en la conducta del otro.
Tal como el alimento nutre el cuerpo y permite la vida, la estimulación desarrolla la inteligencia y genera amor. Su gran objetivo es mejorar la calidad de la vida y lo logra al aprovechar al máximo el vasto potencial existente en el sistema nervioso central (SNC) del niño, despertando capacidades dormidas, recuperando restos anatomofuncionales y desarrollando nuevas posibilidades.
Cuenta con el factor de la plasticidad cerebral y la posibilidad de su mayor desarrollo por adiestramientos y estimulaciones y trata, como dijo uno de los participantes, que "el bebé se exprese y crezca apropiándose de su propio deseo". Pero también cuenta con la capacidad humana de responder al estímulo social: a la sonrisa, la caricia, el estímulo físico o verbal. Por lo tanto, la estimulación tiene una esencia social.
También se consideró la desnutrición, las cardiopatías, los convalecientes de infecciones graves del SNC como las meningitus purulentas y, en general, los egresados de las unidades de terapia intensiva, tanto neonatales como pediátricas. En este sentido se consideraron aspectos novedosos como la determinación de niños "en riesgo" para la precoz detección, prevención o rehabilitación de posibles secuelas.

La parálisis cerebral infantil, el déficit intelectual, los trastornos del lenguaje tuvieron espacio en este evento, así como los trastornos psíquicos graves, como el autismo y aun algunas enfermedades progresivas del SNC, como el síndrome de Rett. Importancia se le dio al tratamiento de la familia de los discapacitados, en un intento de actuar sobre los padres y con ellos mismos, para generar un nuevo equilibrio en el medio familiar.

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